9 de mayo de 2009

Notas: fiebre de diablo por la noche I

"¿Por qué te gusta tanto el diablo?" La pregunta que jugando a ser chispa, terminó por detonar la idea que ahora se me escurre por los dedos:

Hablar en términos absolutos (bueno/malo; claro/obscuro), es a veces considerado una falta de amplitud intelectual, una visión reduccionista de las cosas. En muchos sentidos, puede ser cierto, siempre el juicio de valor es la salida fácil: porque sí o porque no. Desde luego, no cabe duda alguna de que la vida es mucho más complicada que ser uno o lo otro, siempre hay algo más que determina el resultado final.

En tal caso, juzgar de positivo o negativo algo, sin miramiento de ninguna naturaleza, más que en función de algo que se da por sentado sin tener la certeza de que realmente algo es como es, sí implica tal falta de agudeza intelectual. Sin embargo, existen sentencias dictadas en función de los diversos factores que determinan el resultado sometido al escrutinio del juez. Claro! –y aquí pongo en evidencia el complejo entramado de la vida– que alguien sea capaz de juzgar no implica una buena sentencia, en otras palabras, no se es buen juez sólo por serlo.

Sin embargo, siempre existirá un parámetro que, a menos que comencemos a cobrar conciencia, jamás dejará de ser el criterio para juzgarnos a nosotros mismos. Así, la naturaleza humana siempre debe ser en términos generales la misma en todas las épocas  y en todas las culturas, desde luego con características específicas en cada una, pues el desarrollo de la humanidad no ha sido ni será el mismo para todos y en todo momento. Digo, pues, que el desarrollo de las sociedades, en todas sus manifestaciones, tiene el mismo fundamento: somos seres humanos y por tanto nos corresponde una naturaleza particular, que nos determina, que nos hacer ser lo que somos.

Existen características fácilmente identificables: estamos facultados para el ejercicio de la razón, somos la única especie con la capacidad de hablar y desarrollar lenguajes complejos y diversificados, etc. Pero también existen otras mucho menos evidentes que siempre han estado presentes y que cada época ha abordado de acuerdo a los principios políticos, éticos, sociales vigentes en ese momento. Un ejemplo por de más contemporáneo y a la vez tan antiguo como la humanidad misma: la interrupción del embarazo.

Ya Aristóteles en su célebre Tratado sobre las cosas políticas, aborda la legislación en la materia como un tema de vital importancia para la vida pública de un régimen. El sabio, como tal, tuvo sus razones para aprobar su legalización. Yo sé que la interrupción del embarazo puede suceder de manera natural, no hace falta la inducción artificial y, por supuesto, depende de la combinación de una serie de elementos. Y no sólo ocurre con las mujeres, sino con otras hembras de especies distintas. Ésta, considerada la causa natural (en términos biológicos), aunada a consideraciones de otra índole como personales, socioeconómicas, de salud, etc., –consideraciones que garanticen una vida plena a la mujer, pues tal esa es la oportunidad que la vida en sociedad nos debe brindar–, son las razones por las cuales la legislación en la materia tiene como único objetivo brindar una vida conforme a lo natural, es decir, vivir bien.

Por lo tanto, la realización de una vida buena, pasa necesariamente por el apego que se tiene hacia lo naturalmente humano. Así, conforme más se aleje alguien de tal naturaleza puede afirmarse que lleva una mala vida. Empero, no existen vidas buenas ni males como tales, simplemente graduaciones. Todos tenemos tanto virtudes como vicios pero depende, de acuerdo a la definición que el de Estagira ofrece del carácter,"de la disposición en virtud de la cual tenemos una relación natural buena o mala con nuestras pasiones y sentimientos."

Cabe aclarar que tales pasiones y sentimientos están determinadas por nuestro contexto cultural de manera que nuestra naturaleza, se nutre a partir del devenir histórico de la humanidad y sus sociedades. Por ejemplo, las religiones han construido esquemas de pensamiento que van moldeando nuestra forma de concebir el mundo incluso de manera inconsciente. Casos como el de nuestro país, donde el arraigo católico tiene siglos, dejando una huella difícil de borrar del imaginario colectivo, dan cuenta de tal penetración del pensamiento religioso en una sociedad tan diversa.

Tanto factores biológicos como no biológicos, intervienen en la construcción de la naturaleza humana. Pero son éstos aquellos que cobran relevancia para mi propósito. La realización del ente social sucede en la medida en que consigue mediar entre pasiones y sentimientos, virtudes y vicios, con el objetivo de vivir una buena vida. 

Arroja la realización, en mayor o menor grado, de la naturaleza humana, en distintos momentos y lugares como resultado, un abanico muy amplio de concepciones de la propia esencia, traducidas, éstas, en clases sociales, pueblos, regímenes políticos, naciones, Estados. La concepción aristotélica de la diversidad de regímenes (o Estados), radica justamente en la diversidad social propia de las constituciones humanas, pues "es necesario que los regímenes sean tantos cuantas son las organizaciones según las superioridades y las diferencias de las partes". 

La existencia de una diversidad tan amplia de posibilidades sociales implica la existencia de más de una realidad a las cuales corresponden padecimientos y bonanzas específicas a sus propios contextos. La vida conforme a lo natural estará condicionada por una serie de factores tanto internos (agentes) como externos (estructura) que interactúan entre sí determinándose reciprocamente y otorgando al individuo la oportunidad de la realización. 


27 de abril de 2009

¿Medidas contra la Influenza o contra el Síndrome de la ilegitimidad?

No puede caber duda alguna de que el problema que afecta hoy a México, y a varios países más, es real.

Desde el pasado viernes 24 de abril, se pusieron en marcha, por parte de las autoridades competentes, una serie de disposiciones encaminadas a evitar el contagio de un nueva sepa del virus H1N1, subtipo A; es decir, del subtipo de Influenza más agresivo.

Hasta entonces, únicamente se tenían registrados 20 decesos en todo el país a causa de complicaciones relacionadas (neumonía atípica) con tal enfermedad, 13 de ellas en el área metropolitana del Ciudad de México.

Al día siguiente, sábado 25 de abril, en una edición especial del Diario Oficial de la Federación se publicó el Decreto "por el que se ordenan diversas acciones en materia de salubridad general, para prevenir, controlar y combatir la existencia y transmisión del virus de influenza estacional epidémica." Entre las disposiciones contenidas en el documento saltan a la vista por lo menos tres, por su carácter extraordinario y "subido de tono"; así, en el Artículo segundo del citado decreto se establece:

I.- El aislamiento de personas que puedan padecer la enfermedad y de los portadores de gérmenes de la misma, por el tiempo que resulte estrictamente necesario, así como la imitación de sus actividades, cuando así se amerite por razones epidemiológicas;
III.- La inspección de pasajeros que puedan ser portadores de gérmenes, así como de equipajes, medios de transporte, mercancías y otros objetos que puedan ser fuentes o vehículos de agentes patógenos;
IV.- El ingreso a todo tipo de local o casa habitación para el cumplimiento de actividades dirigidas al control y combate de la epidemia.

Tales medidas, por su naturaleza, son propias de un estado de excepción en el que se le otorgan facultades extraordinarias a las autoridades competentes para hacer frente a una contingencia determinada, en este caso sanitaria.

Ahora bien, ¿Por qué se tomaron medidas tan drásticas? ¿Qué otros elementos entran en juego en esta coyuntura? Para ensayar alguna respuesta a tales interrogantes cabe contextualizar el escenario donde se está desenvolviendo tan desafortunado suceso.

Paralelamente al inicio de la contingencia sanitaria, el jueves 23 de abril –tan sólo un día antes de que se diera a conocer el problema– el Senado de la República turnó a comisiones el paquete de iniciativas en materia de seguridad pública, enviadas por el Ejecutivo Federal, con miras a "dar sustento legal a la intervención del Ejército en la lucha contra el narcotráfico y crear estados de emergencia o de excepción en el país" (La jornada en línea, 24/04/09). Con tal maniobra legislativa se pretende dejar para el siguiente periodo ordinario de sesiones su análisis. Es decir, se congelaron hasta septiembre próximo, tan sólo un par de meses después de las elecciones intermedias para conformar la legislatura que acompañará a Felipe Calderón durante la segunda mitad de su gestión al frente de la Presidencia de la República.

Como mencioné, el sábado 25, vía decreto y haciendo uso de las facultades que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos le confiere (Artículos 29; 73, fracción XVI, bases 1º a 3º), y aprovechando la cada vez más delicada situación, el Presidente logró "colar" tres disposiciones que suspenden de facto garantías individuales como el derecho de asociación (Artículo 9, párrafo I), la libertad de tránsito (Artículo 11), y el derecho a no ser molestado en nuestra persona, familia, domicilio, papeles o posesiones (Artículo 16, párrafos I–III y XIII). Sin forzar el análisis en busca de tropelías, las medidas adoptadas encuentran sustento jurídico en la ley suprema.

Empero, resulta pertinente tener en cuenta una serie de consideraciones, a partir de las cuales tales medidas toman relevancia. Por un lado, como quedó asentado, Felipe Calderón, en nuevo intento por "hacer frente a la expansión de la delincuencia organizada y garantizar cabalmente la seguridad nacional" (La jornada, en internet 23/04/09), es decir, por reforzar y dar un nuevo aliento a su desprestigiada estrategia para enfrentar la problemática del narcotráfico, buscó endurecer las medidas para combatir a los grupos delictivos y dar un sustento jurídico al polémico papel que el Ejército ha jugado en el cumplimiento de tareas ajenas a su ámbito de acción. Intento que, si no ha fracasado, por el momento no obtuvo el apoyo deseado. Siendo así como el titular del Poder Ejecutivo pudo encontrar, en la grave emergencia por la que atravesamos, el pretexto exacto para "salirse con la suya".

Por otro lado, la participación del Ejército en las labores encaminadas a prevenir la propagación del virus causante de la Influenza, en un momento en que su imagen se ha comenzado a deteriorar por el reporte de abusos cometidos por las fuerzas castrenses en el marco de sus operaciones contra el narcotráfico, le devuelve su heroico papel, y por tanto la legitimidad de que gozaba, en los tiempos en que una de sus labores más destacadas era el auxilio a la población civil en caso de desastre (Plan DN–III).

Resulta irresistible preguntarse qué busca Calderón tomando tal curso de acción. Tal vez, su poca pericia –ya no digamos política– le impide abordar la coyuntura actual en su justa dimensión, cegado por intereses ajenos al momento que se vive. No olvidemos que estamos en año electoral, y el próximo 5 de julio serán electos los diputados que integren la siguiente legislatura.

Tal vez, la apuesta del Presidente resida en que tomando las medidas sanitarias pertinentes en todo el país y logrando contener lo que se perfila como una pandemia, su gobierno salga bien librado en términos de aprobación popular, al tiempo que legitima a su "as bajo la manga", y aprovechando las atribuciones extraordinarias decretadas –a muy temprana hora, por cierto; antes de que, incluso la OMS, elevara de 3 a 4 el nivel de alerta sanitaria en nuestro país– para, por qué no, deshacerse de uno que otro opositor incómodo, algún capo que no hayan podido (o querido) aprehender, o incluso fabricar chivos expiatorios para solucionar problemas insolubles. Todo lo anterior, por supuesto, para preparar una contienda electoral a la medida de sus intereses.

Uno desearía, incluso de todo corazón, que en lo más recóndito de su ser, el Presidente Calderón, aunque sea por una vez, se comportara a la altura de las circunstancias y no busque sacar provecho de la situación actual, en detrimento de la salud pública.

Nos enfrentamos a un problema serio (aunque haciendo uso del inalienable derecho a especular que defienden los peiodistas, cabe poner en duda información oficial) que traspasa nuestras fronteras, que parece agravarse con cada nuevo reporte o corte informativo, y que demanda acciones eficaces en la prevención, detección y tratamiento de este brote de Influenza fuera de temporada y a escala mundial. Esperemos que nuestro (des)gobierno realmente esté tomando las medidas necesarias para salir adelante, conduciéndose en todo momento con objetividad, imparcialidad y claridad, y no buscando la manera de curarse de ese terrible mal de origen que lo acompañará hasta el último día de su administración: la ilegitimidad.



A continuación, un cortometraje dirigido por Alfonso Cuarón sobre los trabajos más recientes de Naomi Klein acerca de la crisis en la que se ha sumergido el sistema capitalista, en su faceta neoliberal, y la manera en que los intereses del gran capital son defendidos por sus principales beneficiarios. Un material interesante que invita a la reflexión acerca de los últimos acontecimientos, por su inquietante agudeza para indetificar la posible causa de los grandes momentos que han puesto en "shock" a la humanidad en los últimos 10 años:



17 de septiembre de 2008

Sobre las detonaciones en Morelia


Para ésta entrada retomé el comentario que le hice a un miembro de una comunidad a la cual estoy inscrito y ni siquiera sé cómo llegué. No sé bien de qué se trata esa onda pero creo que es una especie de foro donde se abordan temas coyunturales, y en esta ocasión tocó sobre la noche del 15 de septiembre en Morelia, Michoacán.



Sobre las detonaciones en Morelia


El concepto de terrorismo tiene dos acepciones de acuerdo con el Diccionario de sociología:

1. Técnica de las minorías que tratan de apoderarse del poder o de defender su autocracia, en la que la violencia y la amenaza de violencia, la represión, el secreto y el secuestro se emplean para quebrantar a sus adversarios activos, acallar el descontento e intimidar a la población en general. Instrumento de control tiránico.

2. Delito contra la seguridad pública consistente en la comisión de actos de violencia calificados por el medio empleado (utilización de explosivos, sustancias incendiarias o armas que normalmente sean susceptibles de causar considerables daños en la vida o en la integridad de las personas, o de cualquier otro medio a propósito para producir graves daños en los servicios públicos) con el propósito de perturbar el orden público, atemorizar a la sociedad o a determinados grupos sociales o de realizar o de realizar venganzas o represalias para lograr la desintegración de la estructura social o política.

Ahora, con la capacidad de discernir qué y en qué circunstancias puede ser considerado un hecho como un acto terrorista, puedo ensayar algunas reflexiones acerca de las ideas que compartió Javier Quiñones respecto a lo acontecido, la noche del 15 de septiembre pasado, en la capital michoacana.

Retomando la hipótesis central(1), compuesta a su vez por dos suposiciones más, comienzo el ejercicio intelectual por la primera de éstas: que el crimen organizado, en su rama especializada en el trasiego de narcóticos, posee la autoría de lo ocurrido en aquella ciudad. En respuesta a la ofensiva federal, en su lucha por detener a las organizaciones criminales y garantizar la seguridad pública, en un momento en que el problema se comienza a tornar de carácter nacional.

En un sentido, se podría implicar que para formular una conjetura de esa naturaleza se tendría que legitimar, es decir, se tendría que estar de acuerdo con la política de seguridad pública federal, en materia de combate al narcotráfico(2), y considerar como positivos los resultados que se han venido obteniendo.

En ese sentido, yo no estaría tan seguro de que el recrudecimiento de la violencia signifique que las fuerzas públicas federales (asistidas por las Fuerzas Armadas, o viceversa) vayan cosechando victorias. Esto equivaldría a decir, tratando de legitimar la invasión a Irak por parte de Estados Unidos, que los programas bélicos de esa nación son un éxito en función del número creciente de soldados gringos que mueren prestando un servicio a su nación.

Aún más, entre los factores que determinan la victoria de cualquiera de los bandos enfrentados es la reducción, física o no, de su campo de acción e influencia. Para el caso específico de la narcoviolencia, pareciera que entre más se “inclina” la balanza, en favor de Calderón y sus amigos de verde, los cárteles amplían aun más su campo de acción e influencia. Un problema que hasta hace algún tiempo parecía exclusivo del norte del país, ha cobrado presencia en ya muchos estados del país, incluida la ciudad capital.

En buena medida lo único que ha conseguido el Presidente, es atizar la violencia tan característica de la vida al interior del narcotráfico. Provocando una lucha más cruenta, en la que el crimen organizado parece llevar la ventaja tanto en cuestiones geoestratégicas, como teconológicamente. Una lucha en la que buscando demostrar superioridad, la sociedad es quien experimenta las consecuencias, ya sea como en el caso de las granadas detonadas en Morelia, o tras la pérdida paulatina de libertades civiles como consecuencia de la militarización del país. Una especie de juego al estilo “el que se lleva se aguanta” en donde la fuerzas públicas no cuentan con una posición ventajosa.

Resulta de (sin)sentido común considerar que el número ascendente, y en lugares cada vez más divesos, de ejecuciones, secuestros, etc., sean el resultado del debilitamiento de las mafias mexicanas, y que, por lo tanto, se traduzca en una victoria para Calderón y sus amigos de verde.

Ahora, la segunda suposición: que grupos identificados de extrema izquierda, principalmente guerrilleros, podrían reivindicarse la autoria de las explosiones ocurridas en plaza principal de Morelia.

De acuerdo con una de las acepciones de Terrorismo, se considera un evento de esa naturaleza cuando el grupo perpetrador busca tomar el poder legalmente establecido. Unas primeras observaciones dan cuenta de que resulta difícilmente posible que se trate de éste tipo de terrorismo en tanto la elección del objetivo. El Zócalo capitalino durante la ceremonia conmemorativa de la independencia nacional, se antoja un objetivo más atractivo, en términos de la inestabilidad que generaróa, para un grupo armado subversivo.

Morelia como objetivo del atentado, busca transmitir un mensaje directamente al Presidente, sin intermediarios. Violentar el orden público en la ciudad natal del jefe del Ejecutivo, implica una amenaza a su intimidad, cuyo objetivo seguramente es disuadirlo de continuar con su batalla, más no derrocarlo. Los símbolos juegan un papel muy importante en el ejercicio del poder.

Finalmente, de aquí se desprende la pregunta más importante: ¿puede hablarse de un atentado terrorista?

Definir como terrorismo lo acontecido en Morelia, Michocán, sería cortar el evento y pegarlo sobre un interminable fondo blanco donde, como hecho aislado se presta para cualquier interpretación aventurada. Al abordar el fenómeno se tiene que tener en cuenta el contexto y su desarrollo en función de poder entender qué fue lo produjo las condiciones para que dicho suceso tuviera lugar.

En este caso particular se trataría de una manifestación violentísima del poder que tienen los cárteles mexicanos para demostrar superioridad frente al adversario, incluso teniendo que dejar a un lado la precisión quirúrgica característica de los sicarios del narcotráfico. Sin embargo, el mensaje tenía dirección y una parte del remitente, no fue casual y sólo marca el fracaso de una estrategia de seguridad pública condenada de origen.

La frontera entre lo terrorista y lo no terrorista es muy tenue y frágil. Las detonaciones en Morelia, no buscaban derrocar al Presidente, tampoco producir un pánico generalizado a nivel nacional. Insisto el Zócalo de la Ciudad de México resulta un mejor objetivo para alcanzar cualquiera de las dos metas. La elección de Morelia no fue producto del azar y mucho menos un punto débil que pusiera en riesgo la permanencia del Estado mexicano. Otra es la que buscan alcanzar.

Es una tragedia lo que ha sucedido, de eso no cabe duda. Pero las malas decisiones acarrean malos resultados. Calderón y su equipo deben asumir la responsabilidad y diseñar estrategias con nuevos enfoques que permitan un verdadero progreso.


N O T A S

(1) “Acaso comprenderemos mejor, en adelante, la tragedia que significó para latinoamérica toda la adopción acrítica de un marxismo súper anacrónico como paradigma académico en la educación pública, y notablemente de las universidades.
• La esencia original del terrorismo: todas las personas somos los que al azar eligen los asesinos ‘con causa’.
• Y es que el terror no es igual que la bomba que por error arroja tal o cuál ejército, durante una guerra declarada, sobre un hospital infantil o la vivienda de una familia inocente. No, no es lo mismo. El target directo del terror son precisamente los inocentes -y precisamente por serlo nos halla desprevenidos e inermes.
• El terrorista no es lo mismo que el asesino que mata por honor, hambre o desesperación. Se halla en otro plano. Su indiferencia por la vida ajena es morbosa. Ello es así pòrque actúa con la convicción absoluta de hacer el Bien. La Fe religiosa y la Teoría, suelen imbuir al terrorista de ese desapego radical con la realidad simple de la vida.
• Fue ‘la izquierda’. Esta corriente ideológica se halla aún muy imbuida del revolucionarismo, una táctica violenta loada por los santones del estrato político universitario.
• Téngase presente que en el cacicazgo de los Cárdenas gobierna Leonel Godoy, uno de los desertores del pejismo.”

(2) Marco bajo el cual el Presidente realizó una de sus más célebres declaraciones en la que atribuía el recrudecimiento de la violencia vinculada con el crimen organizado, a los avances positivos que su lucha contra el narcotráfico ha conseguido. Incluso durante la periodo de introducción del programa a través de cual aplicaría su política de seguridad pública, el Presidente advirtió que algunas vidas se perderían durante el combate al narcotráfico.

2 de septiembre de 2008

De marchas y porvenires poco promisorios

El pasado 30 de agosto se llevó a cabo una marcha, denominada “Iluminemos México”, con el fin de hacer patente la denuncia, por parte de un sector específico de la sociedad mexicana, de falta de condiciones de seguridad pública en un momento en que el país ha experimentando un recrudecimiento de la violencia producto de las actividades ilegales del crimen organizado, específicamente del narcotráfico.

Las consignas eran claras: acabar con la corrupción y la impunidad; aplicar la pena de muerte; y que renuncien todos aquellos funcionarios que no han demostrado ser capaces al frente de sus administraciones, traducido en el ya célebre: ¡Si no pueden, renuncien!

La naturaleza de las consignas es evidente en tanto se tenga claro quienes fueron los autores de las mismas, elemento clave para el análisis de dicho fenómeno político-social. El contingente que marchó desde el Ángel de la Independencia al Zócalo capitalino, estuvo compuesto en buena medida, por los sectores más favorecidos de la sociedad mexicana, en otras palabras, la clase media, media-alta y alta. Además de contar con la participación de empresarios como Alejandro Martí, –empresario del sector servicios, cuyo hijo fue secuestrado y asesinado a principios de agosto de éste año. Evento tras el cuál se hicieron patentes las denuncias y reclamos de justicia por parte del sector referido, y que desembocaron en la aplicación de políticas en materia de seguridad pública, y la organización y convocatoria de la marcha referida–, Elías Kuri –empresario del sector textil y de electrónicos– y Alfonso Otero –presidente de la Asociación de Industriales de Tlalnepantla. Saltaba a la vista la ausencia de las clases populares y trabajadores que comúnmente asisten a las manifestaciones demandando mejores condiciones de vida. El significado de esto no debe sorprender a nadie.

Las clases menos favorecidas no se sienten identificadas con las demandas que reivindica la élite. Para éstos los padecimientos que aquejan nuestro país se reducen a un problema de policías y ladrones, en tanto tienen asegurados los medios para satisfacer sus necesidades básicas, comida, vivienda, vestido, educación. Es por eso que al ser las víctimas más frecuentes del crímenes tan crueles la única salida que ven es el endurecimiento de las penas, cuando la realidad va más allá.

La reacción por parte de las autoridades, como la iniciativa calderonista que busca la aplicación de cadena perpetua en los casos de secuestro cuando los delincuentes cometan el crimen "perteneciendo a una corporación policíaca; cuando se lesione, mutile o asesine a la víctima; cuando el secuestrado sea un menor o personas incapaces, o cuando se plagie a un menor para trasladarlo a otro país con fines de lucro" o la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia (ANSLJ) también por iniciativa del Ejecutivo Federal (La jornada en internet, 22/08/2008), dejan en claro de qué sector se buscan satisfacer las demandas, y no es de otro que de la élite económica nacional.

Es importante trasladar el análisis de lo acontecido a un esquema de lucha de clases para comprender el papel que juega la élite en este momento y lo que se puede esperar.

Dentro del Estado el grupo en el poder –que no el grupo gobernante– se impone al resto de la clase hegemónica en virtud de generar políticas de Estado que garanticen la satisfacción de sus intereses y, en última instancia, mantener y reproducir el esquema de dominación de éstas sobre las clases dominadas. Parte de la estrategia consiste en erigir a alguna fracción o fracciones de la clase dominada, para el caso específico de que estamos tratando son la clase media y media-alta, “en clases-apoyo del grupo en el poder” (Poulantzas, 2005, p. 171). En otras palabras la élite se vale de la clases medias, por compartir el mismo reclamo de seguridad pública, para buscar aplicar una política de Estado que le garantice la consecución de su objetivo que, a grosso modo es, la acumulación de capital.

Una prueba fehaciente de esta alianza es la consigna que marcó toda la marcha: ¡Si no pueden, renuncien!. Tal expresión fue emitida por Alejandro Martí en el marco de la celebración del ANSLJ . Alejandro Martí es un empresario del sector servicios, cuyo hijo fue secuestrado y asesinado a principios de agosto de éste año. Evento tras el cuál se hicieron patentes las denuncias y reclamos de justicia por parte del sector referido, y que desembocaron en la aplicación de políticas como el Acuerdo Nacional por la Seguridad y la marcha referida

Tal expresión no es un reclamo de todos los mexicanos, es un reclamo del sector que ha salido más perjudicado con el incremento de las actividades criminales. Sin embargo, la utilización de la pequeña burguesía por parte del grupo en el poder convirtió esa demanda en un demanda “de todos los mexicanos” y es por ello que los cientos de miles participantes en la marcha “Iluminemos México” la adoptaron como suya.

Sin duda alguna, los altos índices de criminalidad son un síntoma de una sociedad sumida en la pobreza y que no encuentra otro camino que la ilegalidad para mejorar sus condiciones de vida, puesto que no existen políticas de Estado que garanticen la creación de empleos, mejores condiciones laborales, el acceso a instituciones públicas de educación en todos los niveles, entre muchas otras oportunidades de desarrollo social. Sin embargo el panorama no se presenta promisorio, no al menos para las clases menos favorecidas.

A partir del modo en que el Gobierno Federal principalmente, pero también el resto de los aparatos del Estado han reaccionado en torno a este problema, se percibe que no está dentro de sus agendas la aplicación de un programa que se presente como la solución madre a tan delicada situación, solución que sin duda debe consistir en un tratamiento más fino y de mucho más largo alcance a un plazo de tiempo mayor.

Por el contrario las políticas aplicadas se limitaran a endurecer los programas de seguridad pública en tanto las demandas hechas no hacen más que legitimar la “mano dura” que ha caracterizado al gobierno de Felipe Calderón, y no sólo no hacen más que legitimar la aplicación de la fuerza del Estado, sino que no buscan solucionar el problema de fondo puesto que el grupo en el poder no quiere, ya no digamos eliminar, sino flexibilizar los esquemas actuales de dominación que les garantizan acumular capital. Sus demandas están encaminadas únicamente a que se garantice la propiedad sobre sus pertenencias. En otras palabras, más crudas aún, quieren paz en México, pero quieren una paz que les permita mantener su estatus de grupo en el poder y por tanto continuar acumulando riquezas indefinidamente en detrimento de las condiciones de vida del resto de los mexicanos.

7 de agosto de 2008

Sobre el secuestro y otros delitos imperdonables


El pasado sábado dos de agosto, leí un artíuclo extraido del diario El universal, acerca de una serie de despidos que se llevaron a cabo al interior de la PGR, por orden directa del Presidente. La razón, el mal manejo que se dio a un caso de secuestro del hijo de un empresario.

Honestamente la noticia no me preocupó sobremanera, más allá de lo preocupante que es que se sigan perpetrando crímenes en nuestas sociedades. Pero la cosa no se quedó ahí.

Al otro día, de nueva cuenta en una nota periódistica, pero ahroa extraída de La jornada, me enteré que se encontró el cuerpo del hijo menor de edad del que fuera dueño de las tiendas Martí. Las coincidencias eran, me parece, demasiado obvias y supuse que el caso de secuestro al que se refería el otro artículo que había leído.

A partir de entonces, se desató una ola de declaraciones por parte de las autoridades gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil y personas relacionadas directamente con el crímen acerca de lo preocupante que resulta el asesinato del joven martí y de la necesidad de atacar el problema que representan los secuestros. Incluso comenzaron a circular estadísitcas que indican que "durante 2007 el número de secuestros denunciados aumentó en 35% con respecto a 2006; es decir, pasaron de 325 a 438 casos denunciados" (La jornada en internet, 05/08/08).

La élite económica, contra quien se cometió semejante crimen, alzó la voz en contra de los recientes acontecimientos y al respecto Harp Helú (a quien recientemente el Sr. Martí había entregado sus tiendas), a nombre de la sociedad civil, consideró que el crimen cometido es un crimen que atenta "contra todas las familias de nuestro país y que constituye un síntoma del grado de descomposición social al que hemos llegado." (La jornada en internet, 06/08/08)

Entre las declaraciones oficiales cabe destacar la que realizó Felipe Calderón el pasado martes 5 de agosto, donde "repudió" el asesinato del menor de edad secuestrado y llamó a las autoridades de todos los niveles de gobierno a "dedicar sus actividades públicas y el dinero de la gente a los problemas que realmente la afecta, como es el caso de la seguridad pública" (La jornada en internet, 06/08/08). El mismo día, el Secretario de Gobernación, declaró que el secuestro es un tema "prioritario para el gobierno" por lo que es necesario coordinar a los tres niveles de gobierno para retomar este tema dentro de la lucha contra el crímen organizado para erradicarlo. Sin contar que, antes de que se ventilara el asunto, se giraron instrucciones dpara renovar algunos mandos dentro de la PGR.

Finalmente, el 7 de agosto pasado, el Presidente anunció que enviaría una nueva iniciativa de ley al Congreso de la Unión que busca la aplicación de cadena perpetua en los casos de secuestro cuando los delincuentes cometan el crimen "perteneciendo a una corporación policiaca; cuando se lesione, mutile o asesine a la víctima; cuando el secuestrado sea un menor o personas incapaces, o cuando se plagie a un menor para trasladarlo a otro país con fines de lucro" (La jornada en internet, 08/08/08).

Entonces, para las autoridades gubernamentales el problema de los secuestros (y el crimen en general) se reduce a una cuestión punitiva, donde suponen que aumentando las penas se evitará que las actividades criminales se reproduzcan e intensifiquen. Pero, ¿de verdad es tan sencillo? Especialistas como Ernesto López Portillo, afirman que la propuesta calderonista "está cayendo en la tendencia general de América Latina, conocida como populismo penal, que es ofrecer a la sociedad una respuesta de endurecimiento para satisfacer la exigencia social de respuestas." (El universal en internet, 07/08/08). De igual manera, la respuesta de los senadores en torno a la iniciativa presidencial no fue favorable para ésta, puesto que tampoco consideran que aumentar las sanciones sea la solución que se busca. Pero tampoco aportan mayores salidas al problema.

A final de cuentas, para el aparato gubernamental del Estado mexicano, las soluciones pasan únicamente por la reestructuración de las fuerzas policiacas y la aplicación de penas más severas. Sin embargo, la solución depende de esfuerzos infinitamente mayores. Un cartón de Hernandez resulta elocuente al respecto:

Los clásicos de la antigüedad afirmaban que los servidores públicos tenían, a manera de requisito, tener satisfechas sus necesidades económicas para evitar que se corrompieran y en lugar de velar por el bien común se enfocaran en la satisfacción de sus intereses particulares.

A pesar de todos los siglos que han pasado desde la primer vez que se dijo eso, su vigencia es innegable. Inguenuos serán aquellos que crean que los polícias y mandos policiacos, pero sobre todo aquellos, que se suman a las filas del crimen organizado lo hacen por simple gusto o más aún, motivados por la malvad pura. Es una realidad que las fuerzas de la seguridad pública realizan su trabajo en condiciones precarias. La remuneración económica por sus actividades no les permite satisfacer sus necesidades básicas como alimentación, vivienda, salud, educación para sus hijos, etc. Es por eso que el crimen organizado les ofrece una salida rápido a sus problemas más apremiantes.

El caso de los polícias son el síntoma de un problema de gran profundidad. La exsitencia del crimen se funda en la misma lógica. Desde los crímenes de menor grado hasta los más violentos y a mayor escala, tienen como objetivo obtener alguna ganancia. Ganancias que a su vez tienen como objetivo subsanar las carencias económicas producto de las condiciones de marginalidad en que vive gran parte de la sociedad mexicana (40% de la población vive en condciones de pobreza). Aunque cabe aclarar que los altos mandos criminales no son aquellas personas que sufren la pobreza pero se valen de los más desposeídos para llevar a cabo sus empresas ilegales.

Todas estas carencias son producto de fallas por parte del Estado mexicano quien no ha sido capaz de generar las condiciones mínimas de desarollo social, tales como el acceso a la educación y fuentes bien remuneradas de empleo.

Tal escenario se presenta como el caldo de cultivo inmejorable para el surgimiento de células criminales, y para que, conforme se vayan profundizando las carencias sociales, más personas busquen nuevas formas de ganarse la vida, aunque éstas sean ilícitas.

Es una verdadera vergüenza que, sin restarle importancia al crimen que ha motivado esta reflexión, no sea sino hasta que una familia perteneciente a la élite económica ha tenido que sufrir semejante tragedia para que las autoridades comiencen a actuar. Como dijo Ernesto López Portillo, las medidas planteadas por el Pesidente únicamente calman el reclamo de acción que una parte de la sociedad civil, las clases económicamente poderosas, han hecho, pero no resuleven el problema ni abarcan el problema en toda su dimensión. Para ellos, los que han sufrido el crimen, el problema radica en la falta de penas y castigos más severos y el Presidente, su más fiel servidor, comparte esa visión y es por ello que les responde a ellos y no al resto de los mexicanos.

Cuántas veces se ha visto que se lleven a cabo reestructuraciones de dependencias gubernamentales o se manden iniciativas de ley al Congreso, motivadas por la muerte de algún jóven proveniente de una familia clasemediera o pobre; por las personas que fallecen todos los inviernos por falta de condiciones para protegerse del frío; por la muerte de niños a causa de enfermedades curables; por el despido injustificado de trabajadores; por el número de jóvenes que no ecuentran un espacio en las instituciones públicas de educación o que tienen que dejar sus estdudios para poder sostenerse económicamente a si mismos a su familia; por la cantidad de pesonas que viven en situación de calle… ¿Cuándo?

Es innegable que se deben depurar las fuerzas públicas y garantizar la aplicación de la ley evitando que los índices de impunidad sigan creciendo y presentándose como alicientes para el quehacer ilícito, pero esa no es la solución final. Se debe trabajar y velar por el bien común, se deben llevar a cabo esfuerzos que tengan como meta garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de todos y cada uno de los mexicanos, y brindarnos opciones de desarrollo, trabajos bien remunerados, espacios en las escuelas en todos los niveles, etc. Mientras eso no se resuelva el crimen no dejará de exisitir, pero sí extenderá sus redes y sus efectos nocivos para el tejido social mexicano.


Sin duda los secuestros y los homicidios son crímenes imperdonables, pero la existencia de índices tan altos de pobreza y desigualdad son delitos aún peores e igualmente imperdonables. El reclamo de justicia de la familia Martí es completamente legítimo, y espero que se castigue a quién resulte responsable, pero no debemos convertirlo en el reclamo de todos los mexicanos. Al resto nos toca pedir por mejores condiciones y niveles de vida. Nos corresponde reclamar justicia, pero justicia social para todos.

24 de julio de 2008

A un año y cachito…



Hace un año y seis días que escribí por última vez en este espacio. Cuando lo abrí sabía que algo así iba a pasar. Los que me conocen saben que tengo cierta incapacidad para mantener compromisos, quién sabe cuántos proyectos he dejado colgados... Sobre todo cuando dependen única y exclusivamente de mi.

En un chafi-ejercicios de autocrítica e introspección, lo que pasa es, en primer lugar, que soy muy huevón. Siempre empiezo con muchas ganas algo y a la mera ahí lo voy dejando a hasta que se muere de inanición, así como una planta que dejan de regar. Siempre resulta fácil decir "pues hay tiempo, luego lo hago", hasta que te das cuenta de que ya pasó un año y feria.

En segundo lugar, creo que mi falta de entrega y disciplina, se debe también, y tal vez en mayor medida, a que me da miedo ser yo mismo frente a todos los demás; en otra palabras, no me creo con la suficiente capacidad para sobresalir por mi mismo. Toda mi vida he preferido ocultarme entre los demás que atreverme a demostrar de qué soy capaz. No me siento lo suficientemente creativo, ni inteligente, ni perspicaz, ni audaz, ni hábil, ni nada.

Muchas de esas complejos se han acrecentado desde que entré a la universidad. Ahí he conocido a las personas más inteligentes que visto en mi vida, entre profesores, alumnos y exalumnos. Lo que muchas veces me ha hecho dudar de mi futuro como profesionista. Si de por sí se la pasan diciéndonos que la competencia en el mercado laboral es muy agresiva, luego si tengo que competir con ellos, ya me chingué. Aunque también me ha quedado claro que no sólo el intelecto le sirve a las personas para acender a lo largo de su vida.

De manera que todo lo que he hecho, por ejemplo lo que he hechodurante mi paso por la universidad, ha sido todo menos sobresaliente. Para hacer algo en la disciplina que elegí, es necesario ser una persona activa, incluso desde la secundaria. Y en mi caso, a penas hace unos meses tuve mis primeras incursiones (bastante tardías) en el activismo político.

A lo que quería llegar con todo ésto, y es aquí donde la flojera y mis complejos se relacionan intimamente, es que la flojera es el mecanismo de defensa que se activa cuando no me atrevo a hacer las cosas.

Según yo, son problemas que no deben ser tan difíciles de tratar, sobre todo si ya están identificados. Peor sería que no supiera qué me pasa. Y también creo que esto de tener un blog brinda una buena salida, a final de cuentas, lo que escribo es lo que soy y lo estoy haciendo público.

Cuando empecé este blog, no sabía de que se iba a tratar y a estas alturas sigo sin saberlo, aunque el par de entradas que hice pues son basntante reveladoras acerca del camino que esto podría terminar recorriendo. A lo largo de este tiempo tampoco es que se me haya olvidado de la existencia del blog, usualmente estoy pensando sobre qué podría escribir y se me ocurrieron algunas ideas que espero poder ir desahogando poco a poco. El problema de eso es que mi rigidez académica no me permite abordar temas tan a la ligera, varias de mis ideas requieren un ejercicio serio de recopilación de información y pues por eso también me va a llevar un poco más de tiempo.

Espero poder cumplir con mis compromisos satisfactoriamente. Por ahora, dejo esto que escribo y el nuevo diseño de la página.

18 de julio de 2007

Ya lo dijo George Orwell cuando el futuro era 1984...





"Y cuando cundiera el descontento entre ellos, como sucedía a veces, ese descontento era inofensivo ya que, por carecer de la capacidad de generalizar, su instinto de rebeldía se disipaba en estúpidas quejas acerca de las menudencias de la vida común."


13 de julio de 2007

El futuro nos puede costar aún más caro


Antes de empezar con lo que se convertirá en mi segunda anotación en este espacio, quiero agradecer a todas las personas que se han tomado el tiempo de entrar a ver que hay, aunque se hayan encontrado con un blog famélico. Ellos saben quienes son.

No había escrito nada porque, como lo mencioné durante la inauguración, no sé de que se va a tratar ésto. Por eso no había encontrado tema alguno al cual dedicarle algunos minutos de relfexión. Pero los que me conocen no se sorprendaran al encontrar anotaciones como la que hoy me ocupa.

Dicho lo anterior proseguiré.





Hoy tuve que ir a cumplir con compromiso para lo cual tuve que hacer uso de una de las avenidas más opulentas de la Ciudad de México: Paseo de la Reforma. Justo en el área en la que yo me encontraba, un contingente de mineros había obstruido por algunos minutos la circulación causando un pesado pero breve congestionamiento.

Estoy seguro, incluso por experiencia propia, que dicha movilización causó desagrado entre todos los capitalinos que en ese momento nos encontrábamos haciendo uso de aquella arteria vial.

Ya de regreso a mi casa, mientras iba en al camión del transporte público, alcancé a escuchar la plática de dos personas que se encontraban, tal vez un par de asientos, detrás de mi. Su conversación versaba sobre lo inconveniente que resultan las manifestaciones públicas. Argumentaban que, por breve que sea el periodo de tiempo en que se lleven acabo, representan un pérdida irrecuperable, tanto de dinero como de tiempo. De dinero por las transacciones que no se pueden realizar por la interrupción y bloqueo de las actividades comerciales. De tiempo, simple y sencillamente, porque el tiempo que cualquier persona pase esperando a que se libere la circulación jamás se recuperara; eso es evidente y no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Ahora bien, dejando de lado lo anecdótico, mi reflexión es la siguiente:

Dicho grupo reclamaba un apoyo más enérgico, por parte de las autoridades, para concluír las maniobras de rescate de los cuerpos de los mineros fallecidos tras la tragedia en la Mina Pasta de Conchos, hace más de 17 meses. Así mismo alcancé a escuchar consignas encontra del actual dirigente del sindicato de mineros, Napoleón Gómez Urrutia.

Explicar la naturaleza de la vida interna del sindicado de mineros, no es el objetivo de estas anotaciones pero sí lo es reivindicar la modesta, pero aún así valiosa, movilización de trabajadores de la industria minera.

Lo ocurrido hace casi año y medio en Pasta de Conchos y las catastróficas consecuencias para los trabajadores y familiares se deben en buena medida a la pauperización —cada vez más profunda— de las condiciones laborales en nuestro país.

En teoría —y desgraciadamente en nuestro país las cosas no traspasan ese plano— los sindicatos están para defender, impulsar, organizar, representar y promover los derechos y los intereses de los trabajadores; y el efecto más importante de una sana vida sindical es, sin más ni menos, alcanzar mayores niveles de equidad en la distribución del ingreso. (Es en el subsistema laboral donde se genera toda la riqueza, no en otro lugar).

Si las relaciones laborales no mejoran en nuestro país, cada vez veremos más, y más profundas tragedias como la de Pasta de Conchos. Además de presenciar trabajos, de por sí mal pagados, en peores condiciones. En los que se carecerá de derechos, prestaciones y se estará a merced de los "patrones".

Estoy consciente de que una manifestación no va a cambiar el estado actual de las cosas (como ejemplo elocuente tenemos el megaplatón de Andrés Manuel López Obrador en la misma artería víal y sus nulos resultados), pero sí sirven para hacer latente y mantener dentro del espacio de la comunicación política los problemas que aquejan a nuestra sociedad.

Sí, una manifestación nos puede poner a todos de mal humor, evitar que una tienda venda más, que alguien llegue tarde al trabajo o la escuela. Pero el costo puede ser mayor si dejamos que se sigan afectando los intereses de la colectividad en favor del bienestar de unos cuantos.

No hay que perdernos en análisis superficiales. Hoy en la noche cuando prendan el televisor para sintonizar su noticiero favorito tengan en cuenta que la nota no es: "Unos cuantos mineros pararon el tráfico en Reforma", sino que se está atropellando de manera sistemática el derecho a una vida más digna, no sólo de los mineros, sino de todos los trabajadores mexicanos.


27 de junio de 2007

La primera (versión 2.0)


Siempre me había rehusado a crear un blog personal. No tanto porque no me atrajera la idea sino porque "tengo problemas con las autoridades". Lo anterior en el sentido de que tengo cierta tendencia a no reconocer los fenómenos popularmente reconocidos. 

Desde hace algún tiempo, los blogs experimentaron un boom que los colocaron en el centro de la atención de la gran comunidad de usuarios de internet, convirtiéndose, en mayor o menor grado, en una moda ser autor de un nuevo sitio como éste.

No involucrarme en el experimento que significaba hacer uso de un nuevo (sub)medio de comunicación que, a la postre, resultó ser una de las vías más efectivas para hacer correr  información de toda índole, fue mi manera de mantenerme al margen de la reconfiguración de las estructuras comunicacionales dentro de la vasta internet. 

Sin duda, Los medios de comunicación electrónicos no fue la única esfera que se vio afectada, su impacto en las formas de socialización (trastocadas ya desde el momento mismo de la socialización del acceso al internet) fue tal, que, por ejemplo, una parte de la manifestación de la propia personalidad (representación del yo mismo) se vio ahora canalizada a través de estos nuevos espacios –sin mencionar todo lo que esto implica en la construcción del mismo ser social.

Al convertirme en un blogger más, me rendía al nuevo imperativo sociocultural que dictaba (o dicta; desde luego, no siempre de manera consciente) que no podíamos quedarnos rezagados en la marcha incansable de las súbitas transformaciones que se viven, en un mundo en el que todo cambia y de prisa; donde agentes aparentemente independientes actúan y se influencian de manera recíproca. Determinándose entre sí y siendo afectadas por la estructura, al tiempo que ejercen influencia sobre ella, creando nuevas condiciones dentro del sistema en su conjunto y, así, nuevas realidades sociales.

Sin embargo, ayer soñé que abría un blog y escribía sobre lo que me acababa de pasar el día anterior. Al despertarme hoy en la mañana todavía recordaba la entrada inaugural, pero a estas alturas del día me resulta muy difícil poder reproducirla. Supongo que fue negligente de mi parte no haber rescatado parte de lo que escribí en sueños. Además, a partir de lo que afirmo, tarde o temprano, como individuo que interactúa y se interelaciona en un contexto social determinado, tendría que venir a parar por aquí.

Lo transcendental de ésto, es que no es la primera vez que sueño que "creo" algo. Ya una vez, compuse una canción, y en otra, escribrí el inicio de una obra de teatro. Algo ha de sgnificar.

La verdad no sé qué quiero hacer de éste espacio. No sé si tratará sobre algo en específico o de todo y nada. Quien sabe.

A ver que pasa...